Cómo mejorar el dolor de espalda

Existe la mala costumbre de acudir al profesional sanitario una vez el dolor de espalda se ha instaurado en nuestra vida y no podemos desarrollar las actividades diarias con normalidad. Entonces buscamos una solución urgente…

En esos casos, solemos preguntar al médico por la posible causa física del dolor que padecemos. Pero, ¿y si tras la exploración y las pruebas diagnósticas no hay una causa significativa a la que atribuir el dolor? ¿Qué puedes hacer entonces para aliviarlo?

Puede chocar que no siempre exista una correlación directa entre dolor y patología. Pues bien, puede haber dolor sin tener una lesión. Si es el caso, deberíamos preguntarnos si estamos escuchando a nuestro cuerpo y si sabemos cómo nuestro día a día está causando el dolor.

Cuidado con el estrés y los malos hábitos

Las personas estresadas tienden a encogerse de hombros, agachar la cabeza, hacer un uso excesivo de los músculos del cuello y adoptar una respiración rápida y superficial. Un cóctel que perjudica a todo el sistema músculo-esquelético.

Además hay otros factores que predisponen a la aparición del dolor lumbar. Entre ellos se encuentran la vida sedentaria, las malas posturas, la posición bípeda y el estrés mantenido en el tiempo, uno de los mayores enemigos de nuestra salud y de la espalda en especial.

Evita el sedentarismo

La evolución del ser humano ha provocado que nuestra columna se vea forzada a cargar con el peso que ancestralmente se repartían los brazos y piernas al desplazarse sobre las cuatro extremidades.

Por ello, sufrimos con las posturas estáticas y debemos evitarlo realizando múltiples descansos con el fin de prevenir la fatiga mental y física.

Practica ejercicios preventivos

Necesitamos herramientas que nos permitan gestionar las preocupaciones, la rutina y el estrés laboral. La mejor opción es el ejercicio físico. Dedicar un mínimo de 45 minutos a nuestro bienestar corporal es muy recomendable.

A nuestro alcance tenemos múltiples ejercicios que dan movimiento a nuestra columna y previenen los problemas lumbares, y si ya tenemos molestias, las disminuirán. Realizar ejercicio terapéutico puede convertirse, además, en una herramienta para gestionar el estrés y desconectar.